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© Luis Manuel González Nava. Diciembre-2010. Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción por cualquier medio. No está permitida su descarga y uso fuera de línea.
Cuando era niño me fascinaba ver los aparadores de las grandes papelerías del Centro Histórico de la Ciudad de México. En ellos puede uno encontrar equipo de dibujo y de las artes plásticas que, de sólo verlos, dan ganas de usarlos. Hay reglas y escuadras de todo tipo, botes con pinceles de diversos tamaños y grosores, colecciones de pintura al óleo y frascos de colores pastel; relucientes estuches con protección interior de esponja o hule espuma, que contienen compases de precisión y otros finos instrumentos. Todo eso decorado con papeles de colores, letreros de ofertas e incluso figuras humanas de madera.
De todos esos hipnotizantes productos había dos que me llamaban mucho la atención, aunque hoy probablemente estén sus días contados por culpa de la PC y de programas como Autocad, sino es que ya han desaparecido del todo. Uno de ellos era un artefacto metálico con un orificio donde se adaptaba una plumilla de tinta china y una pata que servía de guía sobre unas plantillas de letras. Le llamaban "cangrejo", me imagino que por su forma, y servía, precisamente, para hacer todo el texto de los planos con tinta china. 
El segundo era una especie de prensa que se adaptaba a la parte superior de las mesas de dibujo. Cuando se quitaba la tapa, tenía pequeños postes circulares en los que se insertaban acetatos con dibujos. Esos postes servían para alinear perfectamente esos acetatos, de modo que el dibujo combinado de varios evitaba la necesidad de hacer planos nuevos. Si deseaba ver el dibujo sin determinado elemento, por ejemplo sin cotas, entonces se quitaba el acetato que las contenía y se sacaba una copia heliográfica del resto, dando lugar a un plano.
El método tenía ventajas incuestionables, por supuesto. Si varios dibujantes intervenían en la elaboración de planos, entonces cada uno podía enfocarse en determinado elemento. En el diseño de un inmueble,  por ejemplo, todos  los dibujos podían tener como componente común los límites del terreno, luego en un acetato podía ponerse sólo los planos de cimentación, en otros los muros por piso, en otros más la instalación eléctrica e hidráulica. Si se querían ver los muros junto con las puertas y la instalación eléctrica, entonces se alineaban los acetatos correspondientes, lo que ahorraba mucho trabajo.
Con este principio en mente, en Autocad podemos utilizar las capas. A cada una le debemos definir un nombre y decidir en qué capa quedará cada objeto. De ese modo, y como veremos en los siguientes apartados, podemos activar o desactivar las capas, haciendo que sus elementos se presenten o desaparezcan del dibujo, como si agregáramos o quitáramos acetatos. Además, con las capas es posible controlar de modo organizado la determinación de las propiedades de los objetos. Por ejemplo, para la capa "líneas ocultas" podemos definir un color azul y que el estilo de línea sea punteado, tal como ya vimos en el capítulo 7. Así, todos los objetos que estén ubicados en esa capa, tendrán ese color y ese estilo. Con lo que la creación de nuevos planos ya sólo depende de los trazadores (plotter) y las impresoras y no de quitar o añadir elementos antes de imprimir.
Cabe decir que la definición de cuántas capas usar y qué nombres tendrán puede ser decidida por usted, por supuesto, en función de su trabajo concreto. Pero en las distintas industrias ya existen estándares para el uso de las capas. Dichos estándares varían de acuerdo a la industria específica y pueden tener, además, particularidades en cada empresa. Por lo que sería largo e infructuoso abundar al respecto. No olvide entonces que el trabajo con Autocad en ambientes corporativos implica conocer los criterios utilizados para nombrar capas e incluso otros relacionados con los estilos de línea, los estilos de cotas, colores, etcétera.
Otra observación útil es que el uso de las capas debe ser planeado antes de iniciar la elaboración de objetos. Si bien es posible crear capas en cualquier momento en Autocad, lo cierto es que eso podría obligar al usuario a reubicar de capa objetos ya elaborados, lo que podría resultar en más trabajo del necesario.
Esto podría llevar al lector a preguntarse por qué no vimos el tema de capas antes del de la elaboración de los objetos. Lo que ocurre es que presento el tema de las capas en esta sección, y no antes, por atender a un criterio de exposición didáctico, que no siempre coincide con el orden real en que, en la práctica, los programas son utilizados.
Por lo que insistimos en que la creación y uso de las capas es parte de la planeación previa de su trabajo, pero no tenía sentido exponerlo antes siquiera de crear algún objeto con Autocad, pues hubiera resultado entonces ser un concepto demasiado abstracto.

22.1 Creación de capas
   
Para crear las capas, darles nombre y definir sus propiedades de color, estilo de línea, grosor y estilo de trazado, usamos el Administrador de propiedades de capas, el cual aparece con el primer botón de la sección Capas de la ficha Inicio. Se trata de un cuadro de diálogo que se compone de dos paneles. El de la izquierda muestra una vista de árbol de los grupos de capas y filtros grabados, que estudiaremos más adelante en este mismo capítulo. A la derecha, está la vista de lista, que muestra las capas según el grupo o filtro especificado a la izquierda.